Timothy Boles es un reo que cumple sentencia de cadena perpetua por cuatro crímenes sexuales por los que fue condenado en 1993 en el condado de Maricopa en Arizona.
En un intento de reducir su sentencia, Boles solicitó se hiciera una prueba de ADN para probar que él no había estado relacionado con una de las cuatro violaciones por las que fue sentenciado y que se cometió en 1988, pero el tiro le salió por la culata.
No solo la prueba confirmó su participación en el delito de 1988, sino que pudo ser vinculado a otra violación a una niña de 12 años cometida en 1991 y que permanecía como un caso sin resolver.
Boles regresará a los tribunales pero no para pelear su reducción de condena, sino para que se le procese por el delito que se acaba de descubrir.
¿En qué estaría pensando cuando solicitó la prueba de ADN? Quizá la prisión trastocó su salud mental y el hombre olvidó sus crímenes y de verdad cree en su inocencia .