Sábado  24 de junio  de 2017  10:21 pm
Mapa y bandera de Sudán

Desde Jartum, capital de Sudán, se confirmó este jueves que el presidente Omar al-Bashir, sobre quien pesa a una orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional en 2009, asistirá a la cumbre árabe-islámica-estadounidense que tendrá lugar este domingo en Riad, Arabia Saudita, y a la que asistirá el emproblemado presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Omar al-Bashir, presidente de Sudán, es requerido por la CPI para responder de crímenes contra la humanidad y de genocidio, particularmente por la acción continuada de represión y guerra en la región de Darfur. Pese a que la orden de arresto fue expedida en 2009, no ha logrado ser completada porque Al-Bashir se ha cuidado de no viajar a países donde la Corte creada en el estatuto de Roma tiene jurisdicción. Además, hay países africanos que por intereses propios se han hecho de la vista gorda, como Sudáfrica, país en donde el presidente Jacob Zuma fue judicialmente cuestionado por no haber ejecutado la orden de arresto cuando tuvo oportunidad.

“Puedo confirmar que el presidente Bashir irá…a Arabia Saudita”, confirmó a la prensa en Ginebra, Suiza, Ibrahim Ghandour, ministro sudanés de Relaciones Exteriores. “Buscamos la normalización de nuestras relaciones con los Estados Unidos”, declaró.

Desde el pasado mes de marzo, y pese a que Donald Trump había emitido una orden presidencial para prohibir la entrada a su país a nacionales de seis países, entre ellos Sudán, el ministro sudanés había declarado su deseo de “normalizar” relaciones con los Estados Unidos: “Sudán renueva su compromiso de continuar un diálogo bilateral para alcanzar completas y normales relaciones entre los dos países en interés de sus pueblos”.

El viaje a Arabia Saudita no supone riesgo para Omar al-Bashir porque el reino no es estado signatario del Estatuto de Roma y no tiene obligación de acatar la orden de arresto. Y si bien Estados Unidos no ha ratificado el Estatuto de Roma, está detrás de la CPI mediante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidos, y de los dólares que sostienen al primer tribunal penal internacional. Así que un apretón de manos entre ambos presidentes, “aún cuando no signifique mucho si las relaciones no son buenas”, como lo declaró el ministro Ghandour, puede ser legal y políticamente muy significativo.

Esta falta de temor de enfrentar al presidente de los Estados Unidos por parte de un sujeto acusado de los más deleznables actos, puede leerse como otro indicativo de una presidencia débil, más preocupada por deshacer los nudos de la soga que se ha puesto en el cuello que por seguir siendo el “guardián” del mundo. Quizá México también debería soltar un poco la tensión con los del TLCAN y el presunto muro, y empezar a mirar a otros horizontes.

B.

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