Miércoles  26 de julio  de 2017  12:38 am
Santa Fe, Ciudad de México, el contraste de realidades

Esta semana inició el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, la danza de egos de los ricos y de los muy ricos. Al mismo tiempo Oxfam publicó su reporte sobre la pobreza mundial, haciéndonos muy conscientes de que hay una muy profunda inequidad en la distribución de la riqueza.

La publicación de Oxfam no fue del agrado de muchos y por muchos me refiero a aquellos que mueven la economía y que son los dueños de los dólares y de los euros (y de los pesos y francos suizos y del oro, y del maíz…). Ellos opinan que Oxfam debería concentrarse en los “progresos” que han habido en cuanto a la disminución de la pobreza, en lugar de andar mirando carteras ajenas (y ventilando la información).

Ya creo que deben estar molestos, pero porque se sus conciencias les deben haber hablado como lo suelen hacer de vez en cuando. Me imagino que, ya sea en lo superficial o muy en el fondo de sus corazones y mentes, hay algo que les dice que el mundo no marcha bien, que no es posible tanta desigualdad, pero, sobre todo, tantas necesidades no resueltas y que mientras ellos tienen para hacer veinte comidas al día (aunque por fisiología solo pueden hacer tres), hay quienes no hacen ni una.

Y es que no creo que pueda existir una total indiferencia a las manos callosas de ancianos que buscan comida en botes de basura o a los cuerpos pequeñitos y frágiles de niños de tres años que parecen bebés de meses debido a la desnutrición.

Si bien Oxfam y las noticias se han referido a los multimillonarios del mundo, el tema no nos es tan ajeno como queremos suponer, y perdón, pero voy a empezar a herir susceptibilidades.

No entiendo los sueldos de más de 100,000 pesos al mes para funcionarios públicos, nivel lo que sea. No hay nadie, nadie, que sea tan maravillosamente inteligente que sin esa persona México no pueda andar y que por sus extraordinarias dotes se le tenga que pagar 100 veces (o más) el salario mínimo, ese salario que gana un amplio porcentaje de la población en nuestro país. Y, sin embargo, no es uno, sino muchos los “superdotados” que ganan esas cantidades de dinero que, frente al hambre, las colonias sin agua potable, las enfermedades derivadas de la pobreza, son francamente obscenas.

Tampoco entiendo a los empresarios y patrones que se quejan de esos sueldos en el servicio público, pero que se esfuerzan con tenacidad para no cumplir con las leyes vigentes y no pagar seguro social y demás prestaciones a sus trabajadores; para contratarlos por “honorarios” y querer deshacerse de sus obligaciones patronales; para hacerlos trabajar en días de descanso obligatorio sin pagarles el salario que corresponde; para tratar de burlarles por cualquier medio -moral, inmoral, legal o ilegal- hasta el último centavo posible, todo con tal de obtener la máxima ganancia. Esto también se llama corrupción y esto es también lo que detiene, atrasa y sume a México cada vez más en la zozobra.

Lo interesante es que las voces que gritan en contra del mal gobierno son esas mismas que no tienen empacho en abusar de los más desfavorecidos cuando tienen la oportunidad y que los que dicen estar haciendo su mejor esfuerzo por mejorar a México son los que ganan esos sueldos estrafalarios y que no están dispuestos a ganar un peso menos porque entonces ¿qué hacen?, ¿robar?

Sé que las cosas son como son, que difícilmente va a haber un equilibrio entre ricos y pobres y que, por el contrario, como hemos estado atestiguando, la brecha va a seguir aumentando porque la avaricia sigue creciendo. Y ningún cambio, ciertamente, va a venir ni de míster Gates ni de señor Slim, ni de Peña Nieto ni de Javier Lozano, sino del interior de cada uno y ese cambio dependerá del grado de compromiso que tengamos hacia nosotros mismos y hacia los demás, porque, asumámoslo, siempre hay alguien con más necesidades y por quien podemos hacer algo.

Así, en lugar de seguir soñando con lo que haríamos a favor del mundo si fuéramos Mark Zuckerberg y tuviéramos sus millones de dólares por haber desarrollado y administrar una red social (¿más absurdo que esto?) empecemos, por lo menos, a vivir sin andar pisoteando a los demás.

B.

P.D. Javier Duarte, si lo que se dice respecto del tratamiento de los niños con cáncer es cierto, no tengo palabras para describir tanta vileza. Lo siento por sus hijos porque ni todo el dinero que tienen podrá borrarles la vergüenza de llevar su apellido.

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Imagen de http://ciudadanosenred.com.mx

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