Jueves  27 de abril  de 2017  5:11 am

Los asistentes a la proyección de la película de La Bella y la Bestia de este lunes en los cines de Kuwait, se quedaron con las ganas de verla porque, sin mediar mayores explicaciones, la función fue suspendida por supuestas responsabilidades y deberes hacia los jóvenes espectadores.

Esta semana se conmemoró el Día Internacional de la Mujer, reconociéndose tanto las victorias que se han obtenido como el largo camino que queda por andar para lograr la equidad de género. Paralelamente en el senado, una mujer legisladora presentó una iniciativa que tiene el objetivo de discriminar, de separar, de zanjar diferencias y que, aunque no se orienta a las mujeres, terminaría perjudicándolas más a ellas que a ellos. Me refiero a la iniciativa de establecer como requisito para ser legislador el contar con un título universitario.

No es ningún misterio ni un gran secreto que vivimos rodeados de mentiras. No sé si sea algo inédito de nuestra civilización, pero se me antoja que no, que la deshonestidad es inherente a la raza humana y que en tiempos de Séneca era lo mismo. La novedad es que para nosotros es muy fácil hacer llegar nuestras palabras a muchas personas, millones inclusive, sólo presionando unas cuantas teclas del teléfono.

Esta semana inició el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, la danza de egos de los ricos y de los muy ricos. Al mismo tiempo Oxfam publicó su reporte sobre la pobreza mundial, haciéndonos muy conscientes de que hay una muy profunda inequidad en la distribución de la riqueza.

Ya sé que lo de hoy es hablar en contra del gasolinazo y gritar enardecidamente en contra del gobierno y de Peña Nieto. Pero para hoy propongo un ejercicio diferente, uno que no está tan cargado de odio ni de enojo y que no implica tanto derramamiento de bilis.

En México el clamor general ha sido durante muchos años hacia el fortalecimiento del Estado de Derecho, del federalismo y de la división de poderes para acabar con el largo paternalismo y absolutismo del sistema presidencialista que nos ha acompañado especialmente después de la Revolución.

“¿Cómo prevenir otra masacre como la de Orlando?” Este es el título de un artículo publicado en The New York Times. Confieso que no leí la nota porque mi primer pensamiento fue hacia otras masacres, hacia otras reacciones violentas que se han vivido no solo en Estados Unidos sino en muchos países del mundo, México incluido, y recordar que siempre, tras todas ellas, surge la pregunta de y ahora ¿cómo evitamos que vuelva a suceder? Esa será la pregunta que volveremos a hacer tras la siguiente masacre que conmueva al mundo, en Londres, Berlín, Miami, San Francisco, en alguna ciudad “bonita” de “primer mundo”, porque esas son las que mueven a los corazones. Bagdad, Nairobi, Mogadiscio, Cuernavaca, Tamaulipas, Tegucigalpa, Maracaibo, esas no importan mucho porque en el “tercer mundo” se matan todo el tiempo.

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