Miércoles  23/ abril/ 2014  8:23:pm

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Category: El Derecho y el Entretenimiento

El historiador Daniel Stahl presentó su nuevo libro titulado La Cacería Nazi: Las Dictaduras Sudamericanas y la Vindicación de los Crímenes Nazis, en donde después de una exhaustiva investigación en archivos de Europa y Sudamérica concluye que muchos criminales se quedaron sin ser juzgados en Alemania por falta de voluntad.

 

Falta de voluntad de un gran grupo de personas e instituciones tanto en Europa como en América del Sur, que involucraron a la policía, a los sistemas judiciales, a los gobiernos y a las administraciones que no quisieron perseguir y que incluso obstaculizaron la persecución de criminales nazi.

 

Daniel Stahl considera que esta “coalición de falta de voluntades” obedece a una amplia gama de razones: Alemania del Este boicoteó la persecución de nazis por solidaridad, los investigadores francés temieron que las persecuciones develaran su propio pasado nazi, y los dictadores sudamericanos se rehusaron a extraditar a criminales de guerra por temor a llevar la atención internacional sobre sus propios crímenes.

 

El juicio a cada uno de estos criminales nazi implicaba el trabajo conjunto de policías, jueces, gobiernos y diplomáticos de varias naciones por lo que un error, por mínimo que fuera, era suficiente para frustrar el arresto de alguno de estos criminales.

 

Tal es el caso de Walther Rauff, quien ayudó a desarrollar las cámaras de gas móviles que se usaron para el exterminio, pudo viajar sin restricciones porque su nombre no aparecía en ninguna listas de criminales de guerra requeridos. Fue hasta 1961 cuando la fiscalía de Hanover, Alemania, emitió una orden de arresto internacional por el homicidio de casi cien mil personas.

 

Rauff vivía en Chile y su domicilio era conocido por las autoridades, pero el embajador de Alemania en Santiago, Hans Strack, quien había trabajado en un ministerio con Rauff antes de 1945, ignoró la orden de iniciar el proceso de extradición durante 14 meses. Amonestado por su gobierno, Strack, con renuencia, finalmente pidió la extradición de Rauff quien fue arrestado a finales de 1962, demasiado tarde pues el delito por el que era requerido había prescrito conforme a las leyes de Chile. Gracias a ello Rauff pudo vivir en Chile como un hombre libre varias décadas más.

 

Otros casos quedaron sin ser perseguidos por la falta de cooperación de la INTERPOL cuyo secretario general en 1962, Marcel Sicot, dijo que ninguna entidad internacional había definido el término “criminal de guerra”. Por ello, pese a que se sospechaba que Josef Mengele, el llamado “Ángel de la muerte”, estaba escondido en Brasil o en Chile, por falta de cooperación de este organismo internacional no se dio con su paradero. Daniel Stahl atribuye la falta de cooperación de la INTERPOL al pasado de muchos oficiales franceses que colaboraron con el régimen nazi durante la ocupación hasta 1944.

 

El caso de Gustav Wagner, acusado de complicidad en el homicidio de más de 152,000 personas en el campo de exterminio de Sobibor, en Polonia, representa la falta de voluntad por parte de los gobiernos sudamericanos.

 

Su extradición fue negada por la Suprema Corte de Brasil por un pequeño error en un documento traducido del alemán al portugués en que el año de 1947 fue cambiado por 1974, motivo para que la Corte rechazara la extradición.

 

Detrás de esta decisión está la explicación que el embajador de Alemania en Brasil expuso meses después: la extradición de una persona que cometió crímenes de guerra 40 años antes podría desatar las demandas de quienes insistían que los crímenes debían ser perseguidos, incluidos los cometidos por la policía y por miembros del ejército, una situación que hubiera sido contraproducente para el gobierno militar de Brasil.

 

En su libro, el historiador declara que hasta la década de los años 80, cuando una nueva generación de burócratas sin miedo a perseguir a los nazis por los medios que fueran llegó a las instituciones, se empezaron a perseguir, a detener y a juzgar varios criminales, aunque para ese entonces muchos habían terminado sus días en completa libertad y en la tranquilidad de sus hogares sin haber rendido cuentas de sus delitos.

 

 

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